Bernd Mayländer, piloto del Safety Car de la FIA, aseguró que sigue sintiendo nervios al ponerse delante del pelotón de Fórmula 1 pese a haber superado ya los 500 grandes premios en el cargo, una presión que sigue alimentando su longevidad en uno de los papeles más delicados del campeonato.
En el pódcast F1 Beyond The Grid, el alemán admitió que la sensación no ha desaparecido con la experiencia. “Todavía lo es. Todavía me impresiona incluso ahora. Sí, absolutamente”, dijo al explicar lo que supone tener detrás a 20, y ahora 22, de los coches de carreras más rápidos del mundo. También fue directo sobre su estado mental antes de una intervención: “Si me preguntas si sigo nervioso, sí, estoy nervioso”.
Mayländer explicó que esa adrenalina forma parte esencial de su trabajo. Contó que, cuando se sube al coche de seguridad diez minutos antes de la salida, repasa todo como si fuera a disputar una carrera propia: comprueba la radio, revisa los sistemas y se asegura de que todo esté exactamente como quiere. Cuando llega la orden de salir, el reto pasa por alcanzar al líder y ejecutar el procedimiento con precisión, mientras detrás se acumula la tensión del reinicio. Según relató, desde el coche puede sentir “la potencia” y “el espíritu” de los pilotos esperando el momento en que la carrera vuelve a arrancar.
Esa intensidad se sostiene sobre una rutina meticulosa. En una entrevista con RacingNews365, Mayländer explicó que el trabajo “tiene que hacerse al máximo nivel, como todo en la Fórmula 1”, y subrayó que sin las sesiones de práctica del jueves y las comprobaciones diarias con Dirección de Carrera “no funcionaría”. Su preparación incluye incluso una competición privada consigo mismo: tras la prueba de pista del jueves, revisa los documentos oficiales de tiempos, localiza los sectores en púrpura y los compara con sus registros del año anterior.
Ese enfoque también define su relación con los pilotos. Aunque algunos se hayan quejado en ocasiones de la velocidad del Safety Car, Mayländer sostuvo que existe respeto hacia su criterio. “Saben que tengo experiencia. Ellos están centrados en la carrera, yo en la seguridad”, dijo. Añadió que a veces dispone de información que los pilotos no tienen en ese momento y que intenta explicársela después.
Su espejo retrovisor también le ha servido para distinguir patrones entre campeones del mundo. Mayländer señaló que Michael Schumacher “era agresivo, igual que Max y Lewis ahora”, y resumió ese rasgo con una idea simple: “Te desafían, se la juegan un poco”. En contraste, describió a otros pilotos como más relajados y citó a Sergio Pérez, que en Singapur llegó a recibir una sanción por dejar demasiada distancia.
La combinación de presión, disciplina y motivación ayuda a explicar por qué sigue ahí un cuarto de siglo después de aceptar en 1999 una oportunidad en la Fórmula 3000 con la idea de abrirse una puerta hacia un puesto en la F1. En Australia alcanzó la barrera de los 500 grandes premios y, según explicó después a RacingNews365, su cuenta ya va por 502. Lejos de pensar en una retirada inmediata, se marca todavía otro horizonte: “Pienso de forma realista en 600 o 650 grandes premios”.
Aun así, también trazó un límite. No se imagina en el Safety Car “a los 78” y cree que entonces preferiría aconsejar desde el paddock a un sucesor joven. De momento, su balance sigue siendo el de alguien que no ha perdido ni la tensión ni las ganas: “Sigo disfrutando cada día de lo que hago.”
© Jonathan Borba