Lance Stroll lanzó en Miami una de las críticas más duras que se han escuchado desde dentro del paddock contra la dirección técnica actual de la Fórmula 1: dijo que el coche moderno es “fundamentalmente” defectuoso, lo calificó de “fake” y aseguró que un Fórmula 3 es “1000 veces” más divertido de conducir.
El piloto de Aston Martin, en declaraciones a medios como RacingNews365 y Crash.net durante el media day del GP de Miami, sostuvo que los últimos ajustes reglamentarios no atacan el problema real. “Todo eso de acelerar a medias está destruyendo las carreras y las vueltas de clasificación”, dijo Stroll, que también lamentó la cantidad de gestión que exige el coche actual, entre el ahorro de energía, el lift and coast y la necesidad de pensar constantemente en las baterías. A su juicio, la categoría está “a años luz de donde debería estar” y todavía “muy lejos de auténticos coches de F1”.
Su argumento fue más allá de una simple queja por sensaciones al volante. Stroll defendió que el problema es estructural y no un detalle que pueda corregirse con pequeños retoques. Admitió que no es ingeniero, pero insistió en que la F1 actual está “tan fundamentalmente defectuosa” que cuesta ver una solución real a corto plazo.
Durante el parón, esa sensación se reforzó fuera de un monoplaza de F1. Stroll explicó que probó coches de Fórmula 3 y que la comparación le dejó todavía más frustrado con la categoría reina. “Es mil veces más divertido y mejor de conducir porque con el pie derecho das lo que quieres y obtienes lo que quieres”, afirmó. También señaló el peso como una diferencia clave: moverse en coches de “550 a 650 kilos” le parece “mucho más agradable” que hacerlo en máquinas de “750, 800 kilos o más”.
Para Stroll, la pérdida de identidad no se limita al comportamiento del coche. También la ve en el sonido y en la imagen que transmite la F1 actual. Contó que durante el descanso vio carreras antiguas, el histórico de Mónaco y vídeos onboard de principios y mediados de los 2000, incluidas Ferrari de aquella época y coches de las eras V8 y V10. Lo que encontró fue un contraste que considera incómodo para el presente: coches “pequeños y ágiles”, con más “carácter”, que parecían “mucho más intensos” y “mucho más emocionantes” que los actuales.
Ahí llegó su crítica más tajante. Stroll recordó que cualquiera que escuche un F1 de la era V8 o V10 piensa de inmediato que “eso es la F1”. En cambio, al hablar del monoplaza actual describió “la reducción de potencia al entrar en una curva” y las reducciones de marcha “sin carácter, sin ruido”. Su conclusión fue rotunda: “Es fake”.
El canadiense también enmarcó el debate como un choque entre la lógica comercial del campeonato y la experiencia de quienes conducen los coches. “La F1 es un negocio, y quieren proteger su negocio y hacer que parezca bueno”, dijo. Frente a eso, añadió, los pilotos saben “lo que se siente al conducir buenos coches”. Según su visión, hay “dos perspectivas diferentes”: una que se conforma con que el público siga mirando la categoría por televisión o a través de Netflix, y otra, la de pilotos y aficionados que realmente entienden las carreras, que no puede ignorar que “ahora mismo no es tan buena como podría ser”.
Stroll tampoco dejó mucho margen para pensar en una corrección rápida. Dijo que ha oído rumores sobre futuros reglamentos, pero que equipos y pilotos tendrán que convivir con el paquete actual “los próximos tres o cuatro años”. Por eso, su esperanza está puesta en un cambio de rumbo más profundo, hacia coches “ruidosos, rápidos, ligeros y ágiles” que vuelvan a dar a los pilotos la sensación de ir realmente al límite.
© Jonathan Borba