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Ayrton Senna: 32 años del accidente que cambió la F1

La Fórmula 1 conmemora este 1 de mayo de 2026 el 32º aniversario de la muerte de Ayrton Senna, una tragedia en Imola que no solo acabó con la vida de uno de sus mayores campeones, sino que empujó al campeonato a rediseñar circuitos, endurecer reglamentos y convertir la seguridad en una prioridad absoluta.

El accidente de Tamburello durante el Gran Premio de San Marino de 1994 sigue marcando a la categoría porque cerró de golpe una era en la que el deporte había llegado a creer que había domesticado el riesgo. El impacto fue todavía mayor por el contexto de aquel fin de semana en Imola, que dejó un doble golpe mortal: Roland Ratzenberger murió el 30 de abril y Senna falleció al día siguiente. A partir de ahí, la Fórmula 1 se vio obligada a mirarse al espejo y asumir que tenía que cambiar de raíz.

La dimensión de la pérdida explica por qué el recuerdo sigue intacto tres décadas después. Senna era tricampeón del mundo, con títulos en 1988, 1990 y 1991, y cerró su trayectoria con 41 victorias y 65 poles. Su talento, su intensidad y su dedicación absoluta le convirtieron en una referencia para generaciones de pilotos, con actuaciones especialmente recordadas en condiciones adversas y, en particular, bajo la lluvia.

Su figura, además, quedó ligada para siempre a una reflexión sobre el peligro que adquirió un peso casi profético en aquellas horas. Raymond Blancafort, en un artículo publicado ayer titulado “La noche que Senna intuyó que iba a morir”, recuperó unas palabras del brasileño tras la muerte de Ratzenberger: “Ocho años sin un accidente mortal nos habían hecho creer que las cotas de peligro de la F1 habían quedado reducidas al mínimo. Ha bastado un GP para despertar violentamente. El peligro no sólo sigue latente, sino que es cada vez mayor”.

Ese mismo recuerdo recogía otra idea de Senna que conecta de forma directa con la transformación posterior de la categoría: “No se trata de hacer circuitos más seguros sino coches más humanos… dar al piloto esas centésimas que le permiten reaccionar”. La evolución técnica y regulatoria que siguió a Imola quedó marcada por esa urgencia de proteger mejor a quienes seguían compitiendo.

Por eso el legado de Senna no se mide solo en sus resultados ni en la admiración que todavía despierta entre los aficionados, especialmente en Brasil. También se mide en las decisiones que tomó la Fórmula 1 después de 1994 y en un campeonato que hoy es, según recuerdan los balances de este aniversario, más seguro, más avanzado y más profesional, aunque cada 1 de mayo siga volviendo a Imola para recordar al piloto cuya pérdida cambió para siempre el rumbo del deporte.