Valtteri Bottas ha desvelado en un ensayo personal publicado en The Players’ Tribune que la presión de la Fórmula 1 le llevó primero a un trastorno alimentario y después a una crisis de depresión y agotamiento en Mercedes que casi le hizo abandonar el deporte.
El finlandés, actual piloto de Cadillac y ganador de 10 grandes premios, situó el origen de su primera gran caída en 2014, cuando en Williams le trasladaron que el coche iba a nacer con sobrepeso y que él debía perder cinco kilos para compensarlo. “Si me pones un objetivo así delante, me voy a obsesionar”, escribió. Lo que empezó como una exigencia de rendimiento terminó, según su propio relato, en una espiral: “Básicamente, empecé a matarme de hambre”.
Bottas explicó que aquella pérdida de peso se volvió “completamente absorbente”. Llegó a pensar que, si podía bajar cinco kilos en dos meses, también podía bajar 10 para hacer el coche todavía más rápido. El deterioro fue serio. Habló de palpitaciones al entrenar, de los “nervios destrozados” y de haber acabado “quemado mental y físicamente”. También recordó que se despertaba a las cuatro de la mañana sin alarma, convencido de que se sentía mejor, cuando en realidad su cuerpo estaba en modo de inanición.
Tocó fondo después del accidente de Jules Bianchi en Suzuka en 2014. Bottas contó que, en el vuelo de regreso de Japón, mientras Bianchi estaba en coma, sintió que ya nada le importaba. “Si el avión se cae, a quién le importa. Desapareceré y se habrá acabado”, escribió. En otro momento de esa etapa resumió su estado con una frase igual de cruda: “No encontraba alegría en nada”.
Durante todo ese periodo ocultó lo que le ocurría. Según relató, ni su equipo, ni sus compañeros, ni siquiera su familia sabían por lo que estaba pasando. Solo su entrenador y su médico estaban al tanto. No buscó ayuda hasta entonces, y fue el trabajo con un psicólogo lo que le permitió empezar a recuperarse. Aun así, aseguró que tardó “casi dos años” en volver a sentirse él mismo.
Su texto presenta esa experiencia como parte de un paddock implacable desde mucho antes de Mercedes. Bottas recordó que, tras ganar la Formula Renault en 2008, recibió varias ofertas de empresas de representación para financiar su ascenso a la F1. Eligió trabajar con Toto Wolff y Mika Hakkinen, y al comunicarlo una de las compañías, a la que describió como muy influyente en la F1, le respondió con una amenaza: “Vamos a hacerte la vida muy, muy difícil. Tu camino a la F1 va a ser muy duro. Tomaste la decisión equivocada”. Bottas, que entonces tenía 19 años, dijo que aquello le dejó en shock, pero que salió de esa conversación pensando: “Ya me has enseñado quién eres. Que tengas un buen día. Nos vemos en la F1”.
La segunda gran crisis llegó en Mercedes. Después de sustituir a Nico Rosberg en 2017, Bottas pasó cinco temporadas como compañero de Lewis Hamilton. Dijo que su primer año fue bueno, pero que arrancó 2018 convencido de que era el mejor piloto de la parrilla y de que iba a pelear por el título. Acabó esa temporada sin una sola victoria y con la sensación de haberse convertido en el “wingman” de Hamilton, después de sacrificar varios triunfos potenciales para ayudar a su compañero en la lucha por el campeonato frente a Sebastian Vettel.
Bottas admitió que todavía tiene “sentimientos encontrados” sobre aquel papel. Aseguró que no guarda rencor ni a Hamilton ni a Mercedes ni a Wolff, pero fue tajante sobre el impacto que tuvo en él: “Toda la situación casi me hizo alejarme del deporte”. También reconoció que entonces regresó “el viejo Valtteri”, más obsesivo y más negativo, atrapado por los comentarios en redes sociales y por una espiral de autodesprecio. “Definitivamente estaba deprimido y quemado. Odiaba correr”, escribió.
Ese invierno previo a 2019 llegó incluso a decidir que se retiraría. El cambio llegó durante una caminata de “quizá tres horas” por un bosque cubierto de nieve. Bottas contó que salió de allí con una mentalidad completamente distinta, volvió a competir y abrió la temporada 2019 en Melbourne con una victoria por más de 20 segundos. Cerró su etapa en Mercedes con 10 triunfos antes de pasar por Sauber y salir de la parrilla el año pasado.
Ahora, de regreso con Cadillac, asume que incluso sumar un solo punto en 2026 será difícil con un coche “no competitivo”, pero su conclusión contrasta por completo con las etapas que describe en su carta. “Soy más feliz que nunca y soy el mejor piloto que he sido nunca”, escribió, después de contar el coste mental y físico que tuvo que pagar para seguir en la F1.
© Jonathan Borba