Lando Norris quiso responder en una entrevista con The Guardian sobre el reglamento de 2026, Mercedes y Max Verstappen, pero su equipo de representación trató repetidamente de impedirlo e incluso de hablar por él, según relató Donald McRae, periodista de The Guardian.
McRae contó que unas horas antes de la entrevista le avisaron de que no debía preguntar a Norris por su “amistad y rivalidad” con George Russell y Verstappen ni por el nuevo reglamento de la Fórmula 1. Aun así, cuando abordó el asunto con “10 minutos” todavía por delante, la situación cambió de tono. Según su crónica, el mánager de Norris no estaba en la sala, pero intervino por teléfono para dejar claro que “no puede haber preguntas sobre este asunto”, mientras un representante del equipo de management presente allí cortó la conversación con un “se nos ha acabado el tiempo”.
El propio Norris, sin embargo, dio a entender que sí quería contestar. Cuando McRae insistió en la importancia del tema y pidió esos minutos que, según escribió, aún quedaban, el piloto de McLaren respondió con una sonrisa incómoda: “No soy el jefe”. En otro momento, también dejó claro que estaba dispuesto a responder, pero su representante lo frenó con un simple “No”.
La escena se repitió cuando llegó una pregunta sobre si McLaren podía alcanzar a Mercedes esta temporada. El representante volvió a intervenir para zanjarla y McRae preguntó por qué ni siquiera esa cuestión podía responderse. “No, no vamos a responder a eso”, fue la contestación que recoge el periodista. Entonces Norris se volvió hacia su entorno y replicó: “¿Por qué? Di que sí”. Acto seguido, respondió él mismo: “Sí, se les puede alcanzar, y estamos haciendo todo lo posible para que seamos nosotros quienes lo hagamos”.
La tensión no terminó ahí. McRae también preguntó por la posibilidad de que Verstappen dejara la Fórmula 1, y, según su versión, el entorno de Norris se echó a reír. Norris contestó de todos modos: “No tengo ni idea. Max puede hacer lo que quiera”. Después, el representante intervino de nuevo, aparentemente hablando por el piloto: “Es un tipo increíble. Max es la mejor persona del mundo y le queremos. Cita”.
El intento de vetar esas preguntas cobra más peso porque Norris ya se había convertido en una de las voces más críticas con el reglamento de 2026. Antes del inicio de la temporada advirtió de que podía haber diferencias de velocidad de “30, 40, 50 km/h” y avisó del riesgo de que, si un piloto golpea a otro a esa velocidad, “vas a salir volando, pasar por encima de la valla y hacerte mucho daño, quizá también a otros”.
También había hablado de forma explícita sobre el nuevo marco técnico en un reciente test de neumáticos de Pirelli. En declaraciones recogidas por McLaren, Norris dijo: “No es el coche con lo que estoy teniendo problemas, es la parte de detrás lo que no estoy disfrutando tanto: la normativa de la unidad de potencia”. Después puso como ejemplo una situación en Japón, donde el despliegue de batería se activó cuando no quería, lo que le obligó a adelantar a Lewis Hamilton y le dejó expuesto en la siguiente recta, precisamente donde pretendía usar esa energía. “Para mí, eso le quita demasiado control al piloto”, afirmó entonces.
Ese debate técnico seguía además muy vivo. Uno de los resúmenes sitúa un nuevo foco sobre los riesgos del reglamento tras el incidente de Oliver Bearman en Suzuka, cuando tuvo que irse a la hierba a 308 km/h para evitar a Franco Colapinto con una diferencia de velocidad cercana a 50 km/h antes de acabar contra las protecciones. En ese contexto, la FIA World Motor Sport Council tenía previsto votar ese mismo día si aprobaba cambios en la normativa.
Por eso, el episodio descrito por McRae no solo retrata una entrevista incómoda. También expone el choque entre un piloto que ya había hablado con claridad sobre uno de los asuntos más sensibles de la temporada y un entorno decidido a cerrar justo esas respuestas, cuando la Fórmula 1 seguía discutiendo si debía corregir el reglamento de 2026.
© Jonathan Borba