La FIA y la Fórmula 1 estudian introducir ya en el GP de Canadá un nuevo sistema de luces traseras de colores para indicar al coche de detrás el estado de despliegue eléctrico del coche de delante y reducir así el riesgo de accidentes por grandes diferencias de velocidad, según informó SoyMotor.com.
La propuesta añadiría tres colores, morado, azul y amarillo, a una luz trasera que en la práctica se ha utilizado casi siempre en rojo. El código solo se activaría cuando la parte eléctrica de la unidad de potencia no estuviera entregando toda su capacidad, con avisos que irían desde una carga inferior a la de la vuelta anterior en ese mismo punto hasta situaciones de superclipping.
Ahí está el problema que la categoría intenta atajar. Cuando un monoplaza agota su energía eléctrica al final de una recta, puede sufrir una desaceleración repentina que sorprenda al piloto que llega por detrás. Con este sistema, el perseguidor tendría una referencia visual inmediata de que el coche de delante va a perder rendimiento y puede ser mucho más lento de lo habitual.
La discusión ha cobrado fuerza tras el incidente citado entre Oliver Bearman y Franco Colapinto en Japón, presentado como una prueba de que la luz roja actual no ofrece información suficientemente precisa sobre esas diferencias de velocidad. Hoy esa luz se reserva para situaciones concretas, como la lluvia, el pit lane o cuando un coche tiene un problema en pista.
La medida todavía necesita aprobación oficial, pero los resúmenes apuntan a que gusta a los pilotos y a que todo indica que podría aparecer a partir de Canadá, dentro de diez días. Si sale adelante, la F1 pasará de usar la luz trasera como una simple alerta general a convertirla en una señal directa sobre el estado energético del coche que marca el ritmo delante.
La idea tiene además un precedente técnico reciente. En la pretemporada de Barcelona, Aston Martin utilizó una luz azul para indicar que rodaba con el motor limitado. Aquel caso no formaba parte de un sistema estándar, pero sí anticipó el principio que ahora quiere adoptar la F1 a gran escala: advertir con más precisión cuándo un coche puede quedarse expuesto por pérdida de rendimiento eléctrico.
© Jonathan Borba