Red Bull rechazó una oferta valorada entre 2.000 y 3.000 millones de dólares por Racing Bulls, según publicó The Times, en una señal de que su segundo equipo sigue siendo una pieza central de su estrategia en Fórmula 1.
La propuesta, de acuerdo con esa información, fue liderada por Dean Attew y el financiero Andrew Harriott, con respaldo de fondos con sede en Abu Dhabi. Pese a la magnitud de la cifra, el grupo no tendría intención de vender una estructura que considera clave dentro de su modelo deportivo.
Ahí está el verdadero peso de la operación frustrada. Racing Bulls no ocupa un lugar convencional en la parrilla, sino uno único dentro del campeonato: funciona como la segunda escudería de Red Bull y como plataforma de desarrollo para pilotos jóvenes antes de dar el salto al equipo principal. Max Verstappen pasó por esa vía en la primera parte de su trayectoria en la categoría, al igual que Isack Hadjar.
Esa función ayuda a explicar por qué una valoración multibillonaria no habría bastado para abrir la puerta a una venta. Para Red Bull, desprenderse de Racing Bulls no sería solo perder un activo valioso, sino alterar una estructura que le permite formar pilotos dentro de su propio sistema y mantener dos equipos bajo el mismo paraguas en un campeonato donde ese modelo sigue siendo excepcional.
La noticia llega, además, en un momento en el que esa arquitectura de dos equipos vuelve a estar bajo escrutinio. El consejero delegado de McLaren, Zak Brown, ha criticado el impacto que pueden tener este tipo de alianzas sobre la igualdad competitiva en la Fórmula 1. En una carta enviada al presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, Brown escribió: “Existe una preocupación real de que el deporte corra el riesgo de dar un paso atrás en términos de integridad y justicia, en un momento en el que el marco regulatorio ha sido diseñado, con un importante esfuerzo colectivo, para avanzar en la dirección opuesta”.
La objeción de Brown no se dirige a una maniobra concreta de mercado, sino al principio que sostiene el modelo de Red Bull. Su argumento es que los vínculos entre estructuras dentro de la parrilla pueden difuminar los límites de independencia que, a su juicio, deberían regir entre escuderías rivales. En ese contexto, la decisión de no vender refuerza la idea de que Red Bull no contempla desmontar un sistema que considera ventajoso desde el punto de vista deportivo.
También conviene subrayar que ni Red Bull ni los inversores mencionados han confirmado públicamente el acercamiento. Por eso, tanto la oferta como su rechazo siguen sin validación oficial por parte de los implicados.
Pero si la información es correcta, el mensaje de fondo es claro: incluso ante una propuesta de hasta 3.000 millones de dólares, Red Bull prefiere conservar Racing Bulls antes que convertirla en liquidez, manteniendo intacta una estructura que influye tanto en su desarrollo de pilotos como en el debate sobre la equidad competitiva en la Fórmula 1.
© Jonathan Borba