Mohammed Ben Sulayem aseguró que el regreso de los motores V8 a la Fórmula 1 llegará como muy tarde en 2031 y que su objetivo es adelantarlo a 2030, una ofensiva que ha reabierto el debate sobre cuánta electrificación debe conservar la categoría y que ya enfrenta a defensores de un cambio radical con voces que rechazan una F1 de combustión casi pura.
El presidente de la FIA sostuvo que ese giro forma parte del margen reglamentario del organismo. “Llegará”, dijo al hablar del calendario, antes de añadir que en 2031 la FIA tendrá la potestad de introducir los V8 “sin ningún voto de los fabricantes de unidades de potencia”. Ben Sulayem también dejó claro que quiere mover esa fecha a 2030: “Apunto a 2030. Un año antes de la madurez de la normativa. Ocurrirá”.
Su planteamiento no pasa por repetir exactamente la filosofía actual de las unidades de potencia. Según explicó, el próximo motor tendría una electrificación “muy, muy menor”, con una aportación eléctrica “muy mínima”, lejos del reparto actual “46-54”, para devolver el protagonismo al motor de combustión y, al mismo tiempo, responder a las quejas de los pilotos sobre la recuperación de energía y el llamado super clipping.
La idea encontró respaldo inmediato en Will Buxton, presentador y periodista, durante el pódcast Up To Speed. “No hay mucho del reinado del terror de Mohammed Ben Sulayem de lo que yo sea particularmente fan, pero de esto sí lo soy, porque nos devuelve a algo que quieren los aficionados y que quieren los pilotos”, dijo. Buxton remató su apoyo con una defensa de la vuelta a “motores de verdad”: “Firmo ahora mismo”.
David Coulthard fue todavía más lejos que el plan de la FIA. En ese mismo pódcast defendió eliminar por completo la electrificación y apostar por un motor atmosférico alimentado por biocombustibles. A su juicio, esa solución podría ofrecer “emisiones cero” y ser “100% reciclable”. Coulthard argumentó que las piezas del motor podrían triturarse, fundirse y reutilizarse, algo que, según él, no ocurre con la electrificación actual ni con las baterías cuando llegan al final de su vida útil.
El expiloto también interpretó la maniobra de Ben Sulayem como una toma de posición ante el clima que rodea a la categoría en los próximos años, pero vinculó su defensa de los V8 a una idea más amplia sobre la identidad del campeonato. Para Coulthard, la Fórmula 1 nació para que diseñadores e ingenieros construyeran los coches más rápidos y potentes posibles en circuito, no como un proyecto concebido en primer término para cambiar el planeta.
Esa visión choca de frente con la de Toto Wolff, jefe de Mercedes, que rechazó una deriva hacia una Fórmula 1 de combustión pura. En declaraciones a PlanetF1.com y otros medios, Wolff recordó que la electrificación responde a la dirección de la industria y advirtió del riesgo de romper ese vínculo. “Porque si giramos al 100% combustión, quizá quedemos un poco ridículos en 2030 o 2031”, dijo. Su postura pasa por simplificar el motor, pero manteniendo suficiente energía procedente de la batería para que la F1 no pierda conexión con el mundo real.
Ahí queda trazada la verdadera batalla del próximo ciclo técnico: no solo si volverán los V8, algo que Ben Sulayem da por hecho, sino si ese regreso servirá para reducir la electrificación a un papel residual o si la Fórmula 1 mantendrá un equilibrio que siga teniendo sentido para los fabricantes y para la dirección tecnológica del campeonato.
© Yu Chu Chin