Aston Martin llegará al Gran Premio de Hungría con la mayor actualización de su temporada 2026, un paquete tan amplio que Lance Stroll lo describe como “prácticamente un coche B” y que, según el canadiense, será la prueba decisiva para saber si el equipo puede enderezar un AMR26 que hoy considera “bastante terrible”.
Stroll explicó en Spa-Francorchamps que la evolución de Budapest incluye un chasis aligerado y una nueva caja de cambios, ambos sometidos de nuevo a homologación de la FIA, dentro de un rediseño centrado en atacar las carencias principales del coche. El diagnóstico del piloto fue especialmente duro: “No hay nada bueno, no hay nada que nos guste de nuestro coche, no hay puntos fuertes, así que solo podemos mejorar”.
El objetivo inmediato no es solo añadir carga aerodinámica, sino corregir defectos de comportamiento que Aston Martin arrastra desde el inicio del curso. Stroll habló de “inestabilidad en entrada y en frenada a velocidades medias-bajas” y de una pérdida aerodinámica en curva rápida en la que “simplemente perdemos totalmente la adherencia”. A partir de ahí, el equipo busca “más downforce” y un coche “más equilibrado y simplemente más agradable de pilotar”.
El problema, añadió, es que parte de esas pérdidas aerodinámicas ni siquiera son fáciles de localizar con los sensores de presión y los datos habituales. Por eso está intentando trasladar con más precisión a la fábrica de Silverstone lo que siente al volante, para ayudar a los ingenieros de aerodinámica a identificar un comportamiento que no siempre aparece con claridad en los registros.
La urgencia del cambio quedó expuesta en Bélgica. En Spa, Aston Martin fue el coche más lento de la parrilla, con ambos monoplazas casi tres segundos por detrás del corte de la Q1. Fernando Alonso firmó un 1:50.002 en clasificación, a 5.641 segundos de la pole de Kimi Antonelli, en el último fin de semana antes de la llegada del nuevo paquete.
Ese contexto es lo que convierte Hungaroring en una referencia tan importante para Stroll. El piloto de Aston Martin insistió en que la falta de potencia y los problemas del coche son “dos cuestiones diferentes”: por un lado, el equipo necesita más rendimiento del motor; por otro, tiene todavía muchos problemas de equilibrio, limitaciones de pilotaje y déficit de carga aerodinámica. Hungría, por su perfil de circuito de chasis y su menor sensibilidad a la potencia, debe separar ambos factores.
“Hungría es una buena prueba”, dijo Stroll. “No es un circuito muy sensible a la potencia, es un circuito de chasis, así que ese es el test. Si todavía estamos muy lentos en Hungría, entonces solo la potencia que está llegando en Zandvoort no va a resolver todos nuestros problemas”. El canadiense cree que una mejora clara en Budapest sí sería “una buena señal para el resto de la temporada”.
La recuperación de Aston Martin está planteada en dos pasos. El primero llega ahora con el AMR26B en Hungaroring. El segundo está previsto para el Gran Premio de Países Bajos, después del parón, con una evolución de la unidad de potencia Honda. Shintaro Orihara, director general de operaciones en pista y jefe de ingenieros de Honda, confirmó en Spa que ese desarrollo se centra “únicamente” en la potencia del motor térmico, además de trabajos en fiabilidad y en reducción de fricción mediante cambios en el sistema de lubricación.
Eso deja a Budapest como el examen más limpio posible del nuevo chasis y de la nueva aerodinámica. Si Aston Martin sigue hundido en un trazado que premia el equilibrio y la carga, la mejora de Honda en Zandvoort no bastará para cambiar por sí sola el rumbo de la temporada.
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