Alex Zanardi, fallecido el 1 de mayo a los 59 años, fue despedido por más de 2.000 personas en Padua y homenajeado durante el fin de semana del Gran Premio de Miami como una de las grandes figuras de superación que ha dejado el automovilismo.
El funeral se celebró en la Basílica de Santa Giustina, en Padua, en una ceremonia marcada por el silencio, los aplausos y una imagen que resumía buena parte de su historia: junto al altar se colocó una handbike, símbolo de la carrera paralímpica con la que volvió a reinventarse después del accidente de 2001 en Lausitzring, en Alemania, que le costó ambas piernas. Su ataúd blanco fue recibido con un largo aplauso, acompañado por su esposa Daniela y su hijo Niccolò.
La dimensión de su huella quedó reflejada también en los asistentes y en los tributos enviados. Estuvieron presentes, entre otros, el consejero delegado de la Fórmula 1, Stefano Domenicali, el ministro italiano de Deportes, Andrea Abodi, y Alberto Tomba. BMW, Ferrari, Domenicali y la asociación Bimbingamba enviaron coronas de flores, mientras también participaron deportistas vinculados a Obiettivo3, el proyecto impulsado por Zanardi para promover el deporte paralímpico.
Don Marco Pozza, sacerdote que ofició la ceremonia, centró parte de la homilía en la persona que había detrás del campeón. Recordó un encuentro de Zanardi con dos reclusos y citó una de sus ideas más sencillas y a la vez más potentes: “A veces bastan cinco segundos más para marcar la diferencia”. En ese mensaje, presentado durante el funeral como una forma de entender la vida basada en la reflexión, las decisiones y el aprendizaje continuo, se condensó una parte esencial de su legado.
Niccolò Zanardi llevó esa misma idea a un plano más íntimo en la despedida a su padre. “No hace falta pensar en los grandes desafíos para encontrar la felicidad, está en las pequeñas cosas del día a día”, dijo. En otra de las frases recordadas del acto, añadió que no hace falta ser Alex Zanardi para tener una vida maravillosa y plena, sino saber encontrar la sonrisa en las cosas pequeñas.
Mientras Italia le daba su último adiós, la Fórmula 1 convirtió Miami en otro espacio de recuerdo. El paddock guardó un minuto de silencio y varias muestras públicas subrayaron el vínculo que seguía uniendo a Zanardi con el campeonato en el que compitió en los años 90, antes de forjar en Estados Unidos y después en el deporte paralímpico la parte más extraordinaria de su trayectoria.
Una de las evocaciones más emotivas llegó de Martin Brundle, ex piloto de Fórmula 1 y comentarista de Sky F1, que compartió parrilla con él a comienzos de esa década. “Era el personaje más maravilloso y el individuo más extraordinario”, dijo Brundle durante la retransmisión. Su recuerdo se centró en la dimensión casi imposible de la recuperación de Zanardi tras el accidente de 2001, cuando, en sus palabras, “perdió las piernas y prácticamente toda su sangre”. Brundle recordó que en Monza llegaron incluso a oír que no había sobrevivido, “pero sobrevivió”.
Ese es el eje de la historia que explica por qué su muerte ha provocado una reacción tan amplia dentro y fuera del motor. En apenas unos años, Zanardi volvió a competir en turismos con coches adaptados y prótesis, participó en campeonatos europeos y mundiales, y más tarde encontró una nueva cima en la handbike, con oros paralímpicos en Londres 2012 y Río de Janeiro 2016.
Brundle resumió esa trayectoria como la de alguien con “una naturaleza competitiva incansable contra toda adversidad” y la definió como “una inspiración para todo el mundo”. Esa idea atravesó tanto el homenaje de Miami como la ceremonia de Padua: la despedida a un piloto cuyo legado ya no se mide por sus resultados, sino por la forma en que convirtió dos tragedias devastadoras en una segunda y una tercera vida deportiva.
© Jonathan Borba