Max Verstappen afronta el GP de España convencido de que la carrera de Barcelona se decidirá más por quién destruya menos los neumáticos que por el coche más rápido, con un problema añadido para Red Bull: llega condicionado por tener un juego de duros menos que sus principales rivales.
El piloto de Red Bull lo dejó claro después de probar el compuesto más duro disponible este fin de semana. “Para ser honesto, todos los neumáticos eran malos. Así que creo que todo el mundo va a sufrir”, dijo Verstappen a los medios. “Se trata simplemente de saber quién sufrirá más o menos. Ya veremos.” Su lectura es que el resultado dependerá sobre todo de limitar la degradación, no tanto del rendimiento puro a una vuelta.
Barcelona ha empujado al campeonato a ese escenario por una combinación especialmente agresiva: temperaturas de pista de entre 50 y 52 grados el viernes, el asfalto más abrasivo del año solo por detrás de Baréin y una selección de compuestos C2, C3 y C4 más blanda de lo habitual. Pirelli detectó la degradación térmica más alta de la temporada 2026 hasta ahora, con pérdidas de hasta dos o tres décimas por vuelta, según su ingeniero jefe Simone Berra, y en algunas tandas largas se vieron caídas de ritmo de hasta cinco segundos en diez vueltas incluso con el C3.
Berra explicó que los tres compuestos están sufriendo mucho, especialmente en el delantero izquierdo y el trasero izquierdo, y que el duro no ha ofrecido una ventaja clara. De hecho, los pocos pilotos que lo probaron reportaron más deslizamiento que con los compuestos más blandos, hasta acercarlo a ellos en degradación. Por eso Pirelli espera una carrera de al menos dos paradas y no descarta una de tres, con un undercut que puede ganar mucho peso si los equipos empiezan a parar antes de lo previsto.
Ahí aparece la complicación específica de Verstappen. Fue el único piloto que utilizó el C2 duro en la segunda sesión del viernes, una decisión que le deja sin la opción teórica preferida por Pirelli para la carrera: medio-duro-duro. Esa estrategia requiere dos juegos nuevos de duros y sitúa las paradas entre las vueltas 15 y 21, y entre la 38 y la 44. Sin ese margen, Red Bull puede verse empujado hacia combinaciones alternativas, en una prueba en la que cualquier desvío estratégico puede costar mucho.
La dificultad aumenta porque la parrilla está muy comprimida. Verstappen saldrá quinto, a tres décimas de la pole de George Russell, en un fin de semana en el que incluso los favoritos no tienen claro el orden real. Con tanta degradación y diferencias pequeñas delante, la carrera puede cambiar rápido en función del tráfico, del momento de las paradas y de la capacidad de cada coche para mantener vida en los neumáticos durante los relevos largos.
Eso deja a Verstappen ante una tarea doble el domingo: remontar desde la tercera fila y hacerlo en una carrera que, según su propia advertencia, castigará a todos. En Barcelona, su opción de pelear por la victoria parece pasar menos por la velocidad del Red Bull que por encontrar una manera de sufrir menos que los demás.
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