En 71 ediciones del Gran Premio de Mónaco puntuables para el Mundial de Fórmula 1 desde 1950, solo dos pilotos acabaron su accidente en el agua del puerto: Alberto Ascari en 1955 y Paul Hawkins en 1965. Ambos lograron salir con vida del coche tras caer al Mediterráneo, pero los dos quedaron después ligados a muertes posteriores en otros accidentes de competición.
El caso más célebre fue el de Ascari. El bicampeón del mundo con Ferrari en 1952 y 1953, ya como piloto de Lancia, lideraba el GP de Mónaco de 1955 después de la retirada de Stirling Moss por avería de motor. En la vuelta 80 de 100 calculó mal la chicane situada tras el túnel, se fue recto hacia el puerto y su coche terminó hundiéndose. Ascari, sin embargo, consiguió salir del monoplaza y nadar hasta ponerse a salvo.
Aquel episodio ganó un tono mucho más sombrío solo cuatro días después. Ascari murió en Monza durante una prueba privada al volante de un Ferrari Sport. Su historia quedó además marcada por una serie de coincidencias familiares: su padre, Antonio Ascari, también había fallecido compitiendo, y ambos murieron con 36 años, en día 26 del mes y cuatro días después de haber sobrevivido a otro accidente.
Diez años más tarde, Mónaco volvió a dejar una imagen casi idéntica. En la edición de 1965, el australiano Paul Hawkins perdió el control de su Lotus al errar en la chicane y también terminó en el agua. Como Ascari antes que él, logró escapar del coche antes de que se hundiera.
La similitud no acabó ahí. Hawkins también murió años después en otro accidente de carreras, esta vez en el Reino Unido, durante el RAC Trophy de Oulton Park, cuando su Lola se estrelló y se incendió.
Que solo Ascari y Hawkins hayan acabado en el puerto en toda la historia moderna del Mundial en Mónaco da a esos dos accidentes un lugar aparte en la memoria del gran premio: no solo por lo excepcional de ver a un Fórmula 1 caer al agua, sino porque ambos episodios terminaron conectados con tragedias que reforzaron la reputación del circuito como uno de los escenarios más implacables del campeonato.
© Spencer