Max Verstappen ha enfriado los rumores sobre su futuro al asegurar antes del GP de Hungría que “no hay nada en marcha”, una señal clara de que su continuidad en Red Bull más allá de 2026 sigue siendo el escenario más probable pese a una temporada difícil y a las cláusulas de salida de su contrato.
El neerlandés, vinculado a Red Bull hasta finales de 2028, llegó al parón de verano en medio de la especulación por un 2026 sin victorias y con margen contractual para marcharse. Pero su propio mensaje ha ido en la dirección contraria. Verstappen dijo que se siente “bien” con su situación y rebajó cualquier lectura sobre una ruptura inminente: “Por mi parte me siento bien, pero digo que no hay nada que decir porque no está pasando nada”. También dejó claro el vínculo emocional que mantiene con la escudería: “Este equipo es como una segunda familia para mí”.
Ese tono no borra el malestar que ha expresado con el RB22 y con la actual normativa. Verstappen ha admitido que el coche “no ha cumplido las expectativas” y que ha sido “difícil de poner a punto y de pilotar”. También reconoció que, si quisiera, podría dejarlo “fácilmente”, aunque sigue compitiendo porque le encanta correr, aun cuando “lo que tenemos ahora mismo no es lo que me gusta”. Su foco, insistió, está en intentar entender mejor el coche y volver a ganar.
La clave es que Red Bull sí ha dado señales de avance. El equipo empezó el año a más de un segundo por vuelta de la cabeza y, tras tres carreras, era sexto en el campeonato de constructores con 16 puntos. Los paquetes de mejora introducidos en Miami y Austria recortaron esa desventaja hasta una horquilla aproximada de tres a cinco décimas. Desde entonces, Verstappen encadenó resultados que sostienen la idea de una recuperación, con tres podios en las últimas cuatro carreras y un segundo puesto en Hungría después de otro segundo en Austria.
Laurent Mekies, jefe del equipo Red Bull, ha reconocido que el coche sigue siendo extremadamente sensible en equilibrio y ventana de funcionamiento, hasta el punto de no dar siempre confianza a Verstappen e Isack Hadjar. Aun así, también subrayó el cambio de tendencia. Red Bull pasó, según su propia estimación, de arrancar a 1,2 segundos a cerrar buena parte de la primera mitad del año a entre tres y cinco décimas, suficiente para pelear con más regularidad por el podio aunque no todavía por victorias puras. Mekies fue tajante sobre el objetivo: el equipo no se conformará “hasta volver a tener un coche con ritmo para ganar por méritos propios”.
Esa mejora deportiva refuerza la opción de quedarse, sobre todo porque las alternativas de primer nivel parecen escasas. Ferrari aparece cerrada con Charles Leclerc y Lewis Hamilton. Mercedes da señales de estar satisfecha con George Russell y Kimi Antonelli. McLaren mantiene la confianza en Lando Norris y Oscar Piastri. Aston Martin, que en otro momento sonó como posibilidad, aparece en las informaciones como una apuesta demasiado arriesgada. Con Verstappen descartando además un año sabático al dejar claro que quiere seguir en la Fórmula 1 en 2027, Red Bull sigue siendo la salida más lógica.
También ha cambiado el tono alrededor de la situación interna del equipo. Verstappen ha rechazado la idea de que la salida de personal clave convierta a Red Bull en un proyecto en descomposición. En una entrevista con RacingNews365 afirmó que se ha exagerado “un poco demasiado” lo ocurrido en Milton Keynes y defendió que no se trata de una “reconstrucción”, sino de un ajuste fino. “La gente va y viene constantemente. Eso forma parte del deporte”, vino a resumir, insistiendo en que la estructura del equipo sigue siendo fuerte.
Por eso, más que una cuenta atrás hacia una salida, el momento actual parece una espera condicionada al rendimiento. Verstappen sigue molesto con las reglas y con un RB22 irregular, pero ve una tendencia al alza y no encuentra una alternativa más sólida que Red Bull. Si el equipo convierte ese progreso en un coche capaz de ganar de verdad en 2027, la gran incógnita sobre su futuro perderá casi toda su fuerza.
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