Michael Schumacher detuvo su Ferrari en La Rascasse durante la clasificación del GP de Mónaco de 2006 cuando Fernando Alonso venía mejorando, provocó una bandera amarilla que arruinó la vuelta del español, fue descalificado tras una investigación de ocho horas y, con el paso de los años, testimonios surgidos desde Ferrari reforzaron la idea de que aquella maniobra fue deliberada.
Veinte años después, ese episodio sigue destacando no solo por la sanción inmediata, sino porque el caso pasó de la sospecha pública a quedar casi corroborado por voces internas. Schumacher nunca lo admitió en público, pero Felipe Massa aseguró más tarde que el alemán terminó confesándole que lo había hecho a propósito, mientras Ross Brawn lo definió directamente como "un movimiento estúpido".
La secuencia de la Q3 fue la base de toda la controversia. Schumacher tenía la pole provisional con un 1:13.898, Alonso estaba a solo 0.064 segundos y llegaba al tercer sector en una vuelta con ritmo suficiente para mejorar. Entonces el Ferrari se fue recto en La Rascasse y quedó parado a centímetros del muro. La bandera amarilla apareció de inmediato y Alonso perdió su oportunidad de rematar la pole.
En la comparecencia posterior, Michael Schumacher, piloto de Ferrari, defendió que todo había sido un error. Explicó que había bloqueado el tren delantero, se había ido largo y después se le había calado el motor. Cuando le preguntaron si había hecho trampas, fue tajante: "No, no hice trampas, y creo que es bastante duro que me pregunten si lo hice". También añadió una frase que terminó reflejando el clima de aquel día: "Hagas lo que hagas en ciertos momentos, tus enemigos creen una cosa y la gente que te apoya cree otra".
Fuera de Ferrari, casi nadie pareció comprar esa versión. Flavio Briatore, jefe de Renault en aquel momento, dijo que Schumacher "no chocó contra el muro, simplemente aparcó el coche" y añadió que no podía creérselo. En ITV, Keke Rosberg fue todavía más duro y lo calificó como "la maniobra más barata y sucia" que había visto en la Fórmula 1.
El castigo cambió por completo el fin de semana. Los comisarios borraron a Schumacher de la clasificación después de ocho horas de investigación y le obligaron a salir desde la última posición de la parrilla. El alemán remontó hasta la quinta plaza, pero el daño deportivo ya estaba hecho porque Alonso ganó la carrera y reforzó una ventaja importante en un campeonato al que había llegado a Mónaco con 15 puntos de margen.
La historia volvió a abrirse años después en el documental de Sky The Race To Perfection. Felipe Massa, entonces piloto de Ferrari, recordó una reunión previa a la clasificación en la que Ross Brawn, director técnico del equipo, bromeó con la idea de "Maybe we can create a yellow flag". Massa contó que en aquel momento respondió que era "solo una broma", pero sostuvo después que "Michael usó esa broma". Su afirmación más contundente llegó al hablar de una conversación posterior con Schumacher: "Tardó un año en decirme que lo hizo a propósito".
Brawn, por su parte, no presentó aquello como un plan de equipo, pero sí como uno de esos episodios que no tenían explicación lógica. Recordó que Schumacher sufría a veces "cortocircuitos" por su competitividad extrema y dijo que, en aquel caso, fue "simplemente un movimiento estúpido". Eso es lo que mantiene vivo Mónaco 2006: no solo la pole perdida de Alonso o la descalificación de Schumacher, sino la sensación de que una de las mayores polémicas de la Fórmula 1 terminó apuntando, desde dentro, justo hacia lo que casi todos sospecharon desde el primer minuto.
© Jonathan Borba