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Miami pone a prueba la lluvia y los F1 de 2026

La gran amenaza del GP de Miami no es solo la previsión de tormentas para el domingo, sino que una carrera en mojado uniría una posible interrupción forzada por riesgo de rayos con el estreno real bajo lluvia de unos Fórmula 1 de 2026 que varios pilotos todavía consideran llenos de incógnitas y riesgos.

La FIA aseguró que sigue “muy de cerca” la previsión y que tiene un plan de contingencia preparado tras la experiencia del año pasado en Miami. Un portavoz del organismo explicó que ese plan se activará si hace falta para minimizar la interrupción del programa en pista. El problema es que, según las normas locales de seguridad en Estados Unidos, la actividad al aire libre debe suspenderse si hay riesgo inmediato de aparato eléctrico, y eso también afectaría al helicóptero médico. En ese escenario, una bandera roja o un retraso de la salida parece mucho más probable que correr con normalidad.

Si la carrera llega a disputarse en mojado, Miami puede convertirse en la primera referencia colectiva de estos coches en esas condiciones. Durante la pausa de abril se aprobaron ajustes específicos para baja adherencia, con el boost desactivado, la entrega de potencia limitada a 250 kW, una revisión del Straightline Mode y un aumento de la temperatura de las mantas para los intermedios. Aun así, en el paddock persiste la sensación de que la categoría sigue entrando en terreno desconocido.

Charles Leclerc, piloto de Ferrari, fue quien describió el mayor motivo de inquietud. Según explicó en Miami, estos coches pueden ser “extraños” en lluvia porque incluso “podrías acabar yendo mucho más rápido al final de recta en mojado que en seco”. Su razonamiento es que, al usarse menos energía, hay menos corte de potencia y la velocidad al final de la recta puede ser superior. En un circuito tan plano como Miami, con tendencia a acumular agua, el riesgo no está solo en el aquaplaning, sino en las diferencias de velocidad con muy poca visibilidad.

Leclerc fue más allá al advertir de que los pilotos pueden encontrarse “en situaciones complicadas” si cada coche lleva una estrategia distinta de unidad de potencia. Dijo que con estas reglas, en lluvia, “somos realmente pasajeros” y que se va a fondo esperando que el coche de delante no sea más lento. Antes era una suposición razonable, añadió, pero “ahora ya no lo es”, y por eso admitió que “no es una sensación agradable”.

Carlos Sainz, piloto de Williams, también puso el foco en la combinación entre reglamento y características del trazado. Recordó que Miami es “superplano” y que “el agua se queda en la superficie”, algo que ya se vio el año pasado. Con muros cerca y poca visibilidad, dijo que la seguridad “será una preocupación”, y defendió desde hace tiempo que los 350 kW no son necesarios. Si llueve, pidió incluso una reducción a “250 o 300” kW. También cuestionó el SLM parcial delantero en mojado: “No entiendo realmente por qué lo tenemos si no reduce mucho la resistencia”.

Kimi Antonelli, líder del campeonato, coincidió en que las correcciones introducidas son un paso adelante, pero no una solución completa. Tras haber probado el coche en mojado en un shakedown en Silverstone, lo describió como “muy complicado” y avisó de que sigue habiendo “muchas incógnitas”. Su mayor duda está en los neumáticos, porque “nadie ha usado realmente los intermedios” y, además, con estos coches cuesta más generar temperatura, un problema que puede agravarse aún más en lluvia.

La falta de referencias reales alimenta esa cautela. Pierre Gasly, piloto de Alpine, recordó su experiencia en Silverstone en enero como “la más extrema” de su vida, con patinaje de ruedas incluso en sexta marcha. Oscar Piastri, piloto de McLaren, lo resumió en la rueda de prensa de la FIA con una frase que en Miami sonó menos a broma que a aviso: “Si llueve en Miami, llueve de verdad”.

Todo eso deja al GP pendiente de dos variables que no dependen solo de la velocidad. Si la tormenta entra en la ventana de la carrera, la normativa local puede parar el evento. Y si hay carrera en mojado, la F1 pondrá por primera vez a sus coches de 2026 ante un examen de seguridad y comportamiento que varios pilotos creen que aún no está resuelto.