Charles Leclerc rechazó vincular directamente la decisión de Lewis Hamilton de reducir el uso del simulador de Ferrari con la diferencia de rendimiento entre ambos en el Gran Premio de Canadá, y sostuvo que el problema en Montreal estuvo en su falta de confianza con el coche más que en la preparación o el reglaje.
El contraste dentro de Ferrari fue claro. Hamilton firmó su mejor resultado en un gran premio desde su llegada a Maranello con un segundo puesto, mientras Leclerc vivió uno de sus fines de semana más difíciles, se clasificó octavo y terminó cuarto, a 34 segundos de su compañero.
El debate se había intensificado después de que Hamilton explicara tras Miami que el comportamiento del SF-26 en el simulador no estaba encajando con lo que encontraba después en pista. Por eso decidió no usarlo antes de Montreal, donde volvió a superar a Leclerc durante todo el fin de semana.
Preguntado después de la carrera por si Hamilton había encontrado algo al prescindir del simulador, Charles Leclerc, piloto de Ferrari, negó que esa fuera la clave. “No hay rendimiento que estemos viendo hoy que venga solo de un reglaje. Puedes decir que hay una décima en un reglaje, pero al final del día no es tanto así”, dijo.
Leclerc insistió en que la diferencia real estuvo en su capacidad para sacar el potencial del SF-26. “Es más sobre mi sensación y la manera en que piloté. Cuando no tienes confianza, no llevas el coche al límite”, explicó. “Sentía que estaba completamente fuera de ritmo. No era una situación en la que estuviera forzando y pudiera decir que el reglaje no era exactamente lo que quería. Sin confianza en un día como aquel, simplemente no ataqué lo suficiente”.
Esa lectura enfría la idea de que el cambio de enfoque de Hamilton alteró por sí solo la jerarquía interna de Ferrari. Antes de Mónaco, el británico admitió que “probablemente no” volverá a usar el simulador para preparar carreras porque hay “demasiados riesgos”, pero la versión de Leclerc apunta a un factor más inmediato en Canadá: Hamilton encontró sensaciones y ritmo, mientras él no tuvo la confianza necesaria para hacerlo.
© Jonathan Borba