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Mercedes expone en Spa el secreto de su difusor

El abandono de George Russell en el Gran Premio de Bélgica dejó al Mercedes W17 colgado de una grúa y expuso por primera vez su fondo, una de las zonas que más celosamente esconden los equipos y una rara oportunidad para que rivales y analistas estudiaran de cerca su concepto aerodinámico de 2026.

Las imágenes de Spa-Francorchamps mostraron una vista abierta de la parte trasera del suelo y, sobre todo, del difusor, la kick line, el plank de resina, el borde exterior del fondo, los elementos exteriores del difusor, las strakes y un nuevo "agujero" en esa zona. Aunque una fotografía no revela todos los detalles internos, sí ofrece suficiente información como para orientar simulaciones y contrastar ideas, justo el tipo de ventaja que en Fórmula 1 se intenta negar al rival.

Por eso los equipos protegen tanto el diseño del suelo. Es la parte del coche que históricamente más carga genera y casi nunca queda a la vista salvo cuando un monoplaza tiene que ser retirado. El precedente más claro fue el accidente de Sergio Pérez en la clasificación de Mónaco 2023, cuando las fotos del RB19 desde abajo no destaparon cada secreto de Red Bull, pero sí dieron a otros equipos una base útil para trabajar sobre conceptos parecidos.

En 2026 el fondo tiene algo menos de peso relativo por el cambio reglamentario y por una menor sensibilidad general del efecto suelo, pero la exposición del Mercedes siguió siendo especialmente valiosa porque dejó ver soluciones concretas en una zona que sigue definiendo el comportamiento del eje trasero. La más llamativa es ese "agujero" en el difusor, una apertura que varios equipos ya han empezado a utilizar con las nuevas reglas para permitir una expansión más eficaz del flujo bajo el coche y alimentar mejor toda la estructura del difusor.

La imagen también permitió detectar la dirección del desarrollo de Mercedes. En el borde superior del difusor aparecían pequeñas pestañas que el equipo había usado en versiones mayores antes de que la FIA obligara a reducir su tamaño. También se apreciaban elementos exteriores del difusor heredados conceptualmente de los cascade winglets montados el año pasado en los conductos de freno, ahora integrados para ampliar el área de trabajo aerodinámico en esa parte del coche.

Otro detalle relevante estaba en la zona previa a las ruedas traseras, donde se veían ranuras en las esquinas del fondo. Mercedes ya había modificado esa área para el Gran Premio de Canadá con el objetivo de controlar mejor el llamado tyre squirt, el aire turbulento que el neumático trasero empuja lateralmente al rotar y deformarse y que puede invadir el difusor y perjudicar su funcionamiento.

Todo ello encaja con un problema central del diseño del suelo: evitar que el flujo se separe a lo largo de una estructura tan larga y mantenerlo lo bastante energético como para compensar las pérdidas por fricción. En esa tarea, el difusor no trabaja aislado. La suspensión trasera y el beam wing situado delante de él están orientados para ayudar a expandir la zona de baja presión y trabajan en estrecha relación aerodinámica con el alerón trasero para sostener una carga consistente en la zaga.

Ahí está la verdadera importancia de lo que enseñó involuntariamente el W17 en Spa. Aunque el reglamento actual haya reducido parte de la complejidad anterior, el difusor sigue siendo decisivo: si no funciona con eficacia, el eje trasero pierde estabilidad, el piloto no puede aplicar la potencia a la salida de curva sin deslizar y acaba conduciendo sin la confianza necesaria para extraer rendimiento.