Lewis Hamilton explicó durante el fin de semana del Gran Premio de Hungría que empezó a practicar kárate con seis años porque sufría acoso escolar, y que la disciplina y la confianza que encontró entonces siguen marcando hoy su forma de afrontar la vida y la Fórmula 1.
El piloto de Ferrari, actualmente segundo en el Mundial de 2026 por detrás de Andrea Kimi Antonelli, describió el kárate como “una parte realmente importante” de su infancia. Hamilton contó que era “un niño normal con muchísima energía”, siempre moviéndose, trepando a los árboles y “rebotando por las paredes”, y que necesitaba canalizar todo eso hacia algo útil. De no haberlo hecho, admitió, “probablemente habría acabado mal” por el entorno en el que creció.
Su llegada a ese deporte no fue casual. Hamilton dijo que pidió empezar kárate a los seis años precisamente porque estaba siendo acosado en la escuela. Según relató, no fue un episodio breve ni aislado, sino una experiencia prolongada que se extendió durante “mucho, mucho tiempo”, desde la primaria hasta la secundaria.
En su relato, el valor del kárate no estuvo solo en aprender a defenderse físicamente. Hamilton sostuvo que aquella formación le dio una estructura mental que le permitió controlar su energía, ganar disciplina y desarrollar seguridad en sí mismo. “El kárate me dio esa confianza para saber defenderme y enfrentarme a esos acosadores”, dijo.
Esa idea, según el británico, no quedó limitada a la infancia. Cuando dio el salto al automovilismo, aseguró que se encontró con dinámicas parecidas. “Y cuando llegué al circuito, era lo mismo. Los acosadores están ahí”, señaló, trazando un paralelismo directo entre lo que vivió en el colegio y ciertas formas de intimidación dentro del entorno competitivo.
Ahí es donde sitúa la conexión más clara con su carrera deportiva. Hamilton presentó el kárate menos como una herramienta de combate que como una escuela de autocontrol. Explicó que le ayudó a comprenderse mejor, a reconocer la fuerza que tenía dentro y a aprender a utilizarla “para el bien y no para algo negativo”.
Ese enfoque encaja con la imagen que proyectó al hablar de su evolución personal. Más que una anécdota de niñez, Hamilton describió el kárate como una base para construir resistencia mental y disciplina, dos rasgos que considera centrales en su trayectoria en la F1. Su punto de fondo fue que parte del carácter con el que compite no nació en el karting, sino en aquellas clases a las que acudió de niño para encontrar una manera de responder al acoso sin perder el control.
En un campeonato en el que sigue siendo uno de los protagonistas con Ferrari, Hamilton dejó claro que esa etapa formativa sigue teniendo peso en su presente. La lección duradera, según su propio relato, no fue aprender a golpear, sino aprender a dominarse, una cualidad que sigue considerando esencial para rendir al máximo en la Fórmula 1.
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