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FIA impulsa V8 y motor neutral para 2031

La FIA quiere que la Fórmula 1 entre en 2031 con motores V8 más simples y baratos y, además, con un suministro independiente para equipos cliente bajo su control para cortar la influencia de los fabricantes sobre la parrilla. Así lo planteó el presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, en el GP de Gran Bretaña ante medios seleccionados, entre ellos The Race, y a la prensa británica citada por Reuters, al defender que los V6 turbo híbridos actuales son “demasiado caros y demasiado complicados”.

La parte más disruptiva de la idea no es solo el regreso del V8, sino que la FIA estudia elegir un proveedor independiente, con Cosworth como ejemplo mencionado por Ben Sulayem, para ofrecer un motor asequible y listo para usar a cualquier equipo que lo necesite. “No habrá control sobre los equipos, un equipo A sobre el equipo B, al que suministra sus motores”, dijo. Y añadió: “Si es asequible, entonces tendremos un motor para el resto de los equipos B, para que nadie pueda presionarles y decirles: ‘Votad de esta manera, o no os vamos a dar un buen motor’”.

Ben Sulayem explicó que ese propulsor sería “un motor seleccionado por la FIA” y autorizado para los equipos, con el organismo como árbitro del coste, la neutralidad y el rendimiento. El objetivo es cambiar una relación de fuerzas que hoy define buena parte del ecosistema técnico de la F1, donde Mercedes HPP suministra a McLaren, Williams y Alpine, Ferrari lo hace con Haas y Cadillac, y Red Bull Ford Powertrains abastece a Red Bull Racing y Racing Bulls.

La base del proyecto es una simplificación radical del concepto actual. Ben Sulayem sostuvo que un V8 barato podría recortar los presupuestos de I+D “alrededor de un 50%” y defendió que eliminar gran parte del peso de baterías y sistemas de recuperación ayudaría a aligerar de forma clara los monoplazas. “Apuntamos a 100 kg menos para el coche”, aseguró. Sobre los V6 vigentes, fue más directo: “Es un motor muy complejo, y es muy caro, y no suena tan bien como todo el mundo quiere”.

Esa reducción de peso, según Ben Sulayem, también tiene una lectura de seguridad. Presentó el reglamento de 2031 como un “lienzo en blanco” para corregir problemas de base y sostuvo que el cambio no responde solo a una cuestión de espectáculo o negocio. “No es el negocio de la F1, son las vidas de los pilotos lo que es más importante”, afirmó.

La FIA no plantea eliminar por completo la hibridación, pero sí rebajarla a un papel mucho menor. Ben Sulayem dijo que la parte eléctrica podría quedarse en un 10% o un 15%, muy lejos del nivel actual y también por debajo del reparto que ya está previsto revisar en las próximas temporadas, con un 60/40 entre combustión y sistema eléctrico programado para 2028. La intención es evitar que se repitan situaciones recientes en las que los pilotos deben gestionar la energía de una forma que penaliza el rendimiento en recta.

Ahí aparece una de las grandes discusiones técnicas del próximo ciclo. Ben Sulayem dejó abierta la duda sobre si el futuro V8 debe llevar turbo o no, y marcó distancia con esa solución al afirmar que “un turbo significa mucho peso y mucho dinero”. Su resumen fue aún más claro: “Así que para mí, hoy creo en un turbo o una batería, uno de los dos”. Esa visión choca con la de Audi, que considera esencial mantener el turbo.

El debate llega cuando la F1 aún está corrigiendo los problemas de su concepto híbrido actual con cambios ya pactados para 2027 y 2028, pero la FIA mira más allá porque los acuerdos vigentes expiran al final de 2030. Si el plan sale adelante, no solo cambiará el sonido, el coste y el peso de los coches. También alterará el equilibrio entre equipos oficiales y clientes, al empujar a algunas estructuras a construir su propia unidad de potencia o a comprar un motor neutral supervisado por la FIA, una sacudida que amenaza con cerrar la era del equipo cliente tal y como se conoce hoy.