El 5 de mayo de 2016, Red Bull ejecutó el movimiento que cambió su historia reciente y buena parte de la de la Fórmula 1: bajó a Daniil Kvyat a Toro Rosso y subió a un Max Verstappen de solo 18 años, una apuesta que quedó validada de inmediato con la victoria del neerlandés en su debut en el GP de España.
Diez años después, el propio equipo de Milton Keynes lo ha resumido en sus redes sociales con una idea simple: Verstappen “ha escrito la historia de Red Bull”. El aniversario mira de nuevo a una decisión tomada en cuestión de días, después de que el GP de Rusia del 1 de mayo de 2016 dejara a la estructura ante un punto de no retorno.
En Sochi, Kvyat golpeó dos veces al Ferrari de Sebastian Vettel en la primera vuelta. Primero le tocó por detrás en la curva 2 y, ya en la curva 3, volvió a impactar con él hasta mandarle contra el muro. La maniobra le costó una sanción de diez segundos de stop-and-go y agravó una jornada que varias reconstrucciones de aquellos días describen como un desastre total para Red Bull. Jacques Villeneuve llegó a sostener que aquel incidente dio al equipo “la excusa” que estaba buscando para hacer el cambio.
La confirmación llegó la mañana del 5 de mayo. Christian Horner, jefe de equipo de Red Bull Racing, dijo en el comunicado oficial que “Max ha demostrado ser un joven talento extraordinario” y que su rendimiento en Toro Rosso había sido “impresionante”, por lo que el equipo estaba “encantado de darle la oportunidad de pilotar para Red Bull Racing”. Sobre Kvyat, añadió que “Dany podrá continuar su desarrollo en Toro Rosso, un equipo que conoce, dándole la oportunidad de recuperar su forma y mostrar su potencial”.
Según el relato posterior de aquellos días, Kvyat recibió la noticia por teléfono de Helmut Marko mientras veía Game of Thrones. Después explicó que “realmente no hubo una explicación” y asumió el funcionamiento interno de la estructura con resignación: “Creo que si los jefes quieren que algo ocurra, hacen que ocurra, así de simple”. Verstappen, por su parte, admitió que estaba “un poco sorprendido”, aunque lo describió como una “gran oportunidad” y aseguró que no sentía “ninguna presión extra”.
La apuesta no tardó ni una semana en transformarse en un golpe histórico. En Barcelona, en su primer gran premio con Red Bull, Verstappen aprovechó el accidente entre los Mercedes de Nico Rosberg y Lewis Hamilton en la salida, resistió después la presión de Kimi Räikkönen y ganó la carrera con 18 años y 228 días. Sigue siendo el vencedor más joven de la historia de la Fórmula 1.
Aquella victoria convirtió una promoción relámpago y polémica en una declaración de intenciones. Red Bull ya había apostado por Verstappen en 2014 porque veía en él un camino claro hacia la F1, y en 2016 aceleró el proceso cuando entendió que su talento no admitía más espera. Barcelona no cerró el debate solo por el resultado, sino porque confirmó que el salto no había llegado demasiado pronto.
Desde entonces, la alianza pasó de promesa a era. Verstappen conquistó su primer título mundial en 2021 y después encadenó tres campeonatos más, hasta igualar con cuatro coronas a Sebastian Vettel y Alain Prost. En ese recorrido, se convirtió además en el primer piloto de Red Bull en ser campeón del mundo desde Vettel.
El contraste con el presente explica también por qué este décimo aniversario tiene peso. Después de acabar subcampeón la pasada temporada en medio de rumores sobre un posible salto a Mercedes, Verstappen ha arrancado 2026 sin podios y con críticas a la nueva reglamentación técnica. Por eso, al recordar el ascenso de 2016, Red Bull no solo celebra una fecha: vuelve al momento en que tomó una decisión extrema que redefinió su techo competitivo y lanzó la etapa más exitosa de la carrera de Verstappen.
© Jonathan Borba