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Sudáfrica ve alejarse la F1 tras el regreso de Turquía

La confirmación del regreso de Turquía al calendario de Fórmula 1 desde 2027 con un contrato de cinco años ha supuesto otro revés para la candidatura de Sudáfrica y deja muy difícil que África vuelva al Mundial antes de 2029.

El golpe para la opción sudafricana no es solo simbólico. Con la entrada de Turquía, la F1 ya tiene 24 circuitos contratados para 2027, el mismo número de pruebas que han tenido los tres últimos calendarios. Eso reduce todavía más el margen para nuevas sedes y desplaza cualquier incorporación a 2028 como muy pronto. Incluso ahí, la ventana es estrecha: de las 24 carreras actuales, solo Singapur, Portugal y México terminan contrato al final de 2028, con Singapur previsiblemente encaminado a renovar y Tailandia presionando con fuerza para entrar.

En ese contexto, Sudáfrica sigue intentando mantener viva una candidatura que ya había asumido que no llegaría a tiempo en el corto plazo. A comienzos de este año, Gayton McKenzie, ministro sudafricano de Deportes, Artes y Cultura, admitió a ENCA: “El próximo año, definitivamente no. Hemos subestimado lo que se necesita para organizar un evento de F1”. Aun así, defendió que el proyecto seguía adelante con ayuda especializada para preparar “una oferta que no puedan rechazar”.

La dificultad no ha frenado a Kyalami, aunque el circuito ni ha sido designado oficialmente como sede potencial ni ha recibido la aprobación definitiva. Pese a ello, ha seguido adelante con una modernización para obtener la homologación FIA Grado 1, requisito necesario para albergar la Fórmula 1. Las obras están valoradas entre 5 y 10 millones de dólares, entre 83 y 167 millones de rands.

McKenzie también ha elevado el perfil político de la ofensiva. En una comparecencia ante los medios esta semana en Pretoria, anunció que el presidente Cyril Ramaphosa viajará con él a un Gran Premio más adelante este año. “Su Excelencia el presidente Cyril Ramaphosa ha aceptado acompañarme a un Gran Premio de Fórmula 1 este año. Es una visita de trabajo, no social”, dijo. Según explicó, Sudáfrica trabaja para cumplir “los requisitos comerciales, logísticos, de infraestructuras y de seguridad” que exige cualquier candidatura, y la visita presidencial servirá para “observar, interactuar y reforzar nuestro caso”.

La presión por recuperar una carrera en el continente también tiene una dimensión política y generacional. África no alberga una prueba de Fórmula 1 desde 1993, cuando Alain Prost ganó en Kyalami. McKenzie sostuvo que no es “aceptable” que los jóvenes aficionados africanos al automovilismo nunca hayan visto un Gran Premio en suelo africano y aseguró: “Pretendemos cambiar eso”.

El problema para Sudáfrica es que el aumento de la popularidad de la F1 y la escasez de huecos en el calendario amenazan con encarecer todavía más el acceso a una plaza. Con una candidatura apoyada en patrocinadores más que en financiación pública, el país afronta ahora una carrera más dura por entrar en un calendario casi lleno y con competidores ya mejor posicionados para 2028 y más allá.