Red Bull afronta el GP de Austria 2026, su carrera de casa y la primera en Spielberg como proveedor de motor propio, con una gran actualización del RB22 que su propio jefe, Laurent Mekies, ya ha advertido que no será suficiente por sí sola para alcanzar a Mercedes, Ferrari y McLaren.
La urgencia deportiva es evidente. Red Bull llega cuarta al fin de semana con 89 puntos en el Mundial de constructores, por detrás de esos tres rivales directos, y todavía no ha ganado en toda la temporada. El mejor resultado del equipo hasta ahora es el tercer puesto de Max Verstappen en Canadá, una referencia que retrata hasta qué punto ha cambiado su posición en la parrilla desde la llegada del nuevo reglamento técnico.
Austria será la segunda gran evolución del año tras la introducida en Miami, y buena parte de la atención se centra en el peso del coche. El RB22 empezó la temporada por encima del objetivo y varias informaciones sitúan este paquete como el paso con el que Red Bull pretende alcanzar, o al menos rozar, el mínimo reglamentario de 768 kilos, además de añadir refinamientos aerodinámicos.
Mekies, jefe de Red Bull Racing, rebajó las expectativas antes del viaje a Spielberg. “Nuestra próxima gran actualización es Austria”, dijo, antes de admitir que “el paquete de Austria por sí solo no será suficiente”. Su mensaje fue que el equipo necesita más pasos de desarrollo para mantener la trayectoria de mejora iniciada después de Japón y dejar de hablar de una desventaja de cuatro décimas para acercarse a una diferencia mucho menor.
Ese es precisamente el tamaño del problema que Red Bull sigue intentando resolver. Mekies situó la brecha actual en torno a tres o cuatro décimas respecto al nivel necesario para pelear por la victoria, un déficit que Barcelona expuso con crudeza. Allí Verstappen terminó cuarto en una carrera solitaria, ayudado además por retiradas delante, y acabó a 16.778 segundos de Lando Norris, una distancia que confirmó que el RB22 sigue lejos de los mejores en circuitos más completos.
El contexto del campeonato tampoco ayuda a disimularlo. Bajo estas reglas, los paquetes de mejoras están alterando el orden competitivo de una carrera a otra, y Red Bull llega a Austria intentando responder al progreso reciente de Ferrari, Mercedes y McLaren más que imponer el ritmo del desarrollo.
Por eso Spielberg tiene un valor que va mucho más allá de una simple actualización. Será la primera vez que Red Bull dispute su gran premio de casa como suministrador de su propia unidad de potencia, con Red Bull Powertrains-Ford, en un circuito propiedad de la compañía. El simbolismo es enorme, pero también lo es la presión: si este paquete no se traduce al menos en una reducción visible de la desventaja, el fin de semana más representativo de su proyecto en 2026 también subrayará lo lejos que sigue estando de su recuperación.
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