Max Verstappen advirtió antes del GP de Gran Bretaña que Silverstone “no es un circuito adecuado” para los actuales Fórmula 1, porque la gestión de energía obligará a recorrer sus curvas más emblemáticas de una forma antinatural, más lenta y muy alejada de lo que ha definido históricamente al trazado británico.
El piloto de Red Bull explicó que el problema está en la propia naturaleza de la pista: “muchas rectas largas y curvas rápidas” y “apenas lugares donde frenar fuerte”. Según Verstappen, esa combinación impide recargar suficiente batería, genera “un déficit de potencia” y deja a los coches sin energía utilizable en puntos clave de la vuelta. “La pista simplemente no está hecha para la manera en que funcionan nuestros motores actuales. Así de simple”, dijo, antes de admitir que a corto plazo lo ve “irresoluble” y confiar en que “el año que viene” la situación mejore.
Su sensación quedó clara incluso antes de salir a pista. Tras rodar en el simulador de Silverstone, Verstappen contó que “me eché a reír” porque el circuito “se sentía, sinceramente, como una pista completamente distinta”. También avisó de que durante una vuelta hay “muy poca batería disponible” y que eso convierte el fin de semana en “una tarea muy dura”.
Fernando Alonso, bicampeón del mundo, fue todavía más duro en la previa al asegurar que “será un espectáculo triste para los aficionados” y que “curvas rápidas como Copse, Maggots, Becketts y Chapel se convierten en estaciones de recarga”. Su crítica resume el núcleo del malestar en el paddock: Silverstone, uno de los grandes referentes de la alta velocidad en la F1, corre el riesgo de perder precisamente el carácter que lo hizo especial.
La queja no quedó sólo en Verstappen y Alonso. Según NOS Sport, casi todos los pilotos volvieron a mostrarse muy críticos con estos coches “semi-eléctricos” y con las exigencias de gestión energética. Lewis Hamilton, en declaraciones a RacingNews365, dibujó un panorama parecido al señalar que la batería puede quedarse vacía “durante gran parte de la vuelta” y que ya se empezaría a perder potencia antes de Copse. En su descripción, el tramo entre las curvas 9 y 10 podría convertirse en “una recta larga y aburrida sin deployment”. También avisó de que Maggotts y Becketts “no van a sentirse igual”.
El debate se había enfriado después de Austria, donde el problema se notó menos. Verstappen explicó la diferencia por el diseño del Red Bull Ring, que también tiene rectas largas, pero las combina con frenadas fuertes que permiten recuperar energía. En Silverstone, en cambio, las zonas rápidas enlazadas dejan muy pocas oportunidades para recargar, así que la pérdida de potencia se vuelve mucho más visible.
No todos compartieron el mismo tono. George Russell fue el más comprensivo con el espectáculo y defendió que no hay que exagerar, porque el fin de semana seguirá siendo “un bonito evento en un circuito magnífico”. Lando Norris también rebajó el alarmismo y sostuvo que el domingo seguirá siendo emocionante “desde fuera”, aunque admitió que para los pilotos habrá “menos desafíos” que en años recientes. En concreto, reconoció que Copse, Maggotts y Becketts no supondrán “exactamente el mismo reto” que antes.
Esa es precisamente la preocupación que recorre la víspera de Silverstone: no tanto que la carrera deje de atraer al público, sino que uno de los circuitos más icónicos del calendario pierda parte de su esencia porque sus secciones más famosas ya no se afrontan al límite, sino pendientes de ahorrar y recargar batería.
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