Lewis Hamilton ganó en Barcelona su primer gran premio con Ferrari, 30 años después de la primera victoria de Michael Schumacher con la Scuderia en el mismo circuito, pero admitió que el momento no coincidió del todo con el sueño que había construido de niño porque el cockpit de su coche actual es blanco y no rojo.
Tras la carrera en el Circuit de Barcelona-Catalunya, Hamilton recordó que tenía 12 años cuando vio por televisión aquel triunfo de Schumacher y que entonces se quedó fascinado con la imagen del Ferrari. “Hace 30 años, cuando Michael ganó, yo estaría sentado en casa, en el sofá, viendo esa carrera. Probablemente como muchos de vosotros, con un plato sobre las rodillas, comiendo un sándwich o quizá una sopa de pollo con fideos un domingo. Tenía 12 años”, dijo Lewis Hamilton, piloto de Ferrari, antes de explicar qué le atraía de aquella escena: “Miraba ese coche rojo y pensaba: ‘Me pregunto qué se siente al sentarse en ese cockpit rojo?’”.
La realidad, ya como piloto de Ferrari y ganador por fin de un domingo con la Scuderia, no encajó del todo con esa imagen infantil. “Mi cockpit resulta que es blanco, algo con lo que no he estado muy contento. Lo quería rojo, como el de Michael. Haré que vuelva a ser rojo en algún momento”, dijo Hamilton.
Esa queja estética encaja con uno de los debates visuales de Ferrari esta temporada. El contorno blanco del cockpit y otras zonas blancas del coche se introdujeron para integrar mejor la identidad de HP, después de las críticas que había generado entre los aficionados el contraste del azul del patrocinador principal con el rojo tradicional de la Scuderia.
Aun así, la victoria tuvo el peso emocional que Hamilton había perseguido durante años. El británico destacó sobre todo la reacción del equipo en la celebración. “Fue realmente increíble presenciarlo, ver la alegría en sus ojos y sentirla con ellos”, dijo. “Casi me desmayo después de abrazarlos. Mi corazón explotaba de alegría”.
Ese contraste entre un sueño cumplido y una pequeña decepción visual dejó una imagen muy particular de su primer triunfo con Ferrari: Hamilton llegó por fin a la cima vestido de rojo en el mismo escenario que marcó su imaginación de niño, pero ahora quiere que el coche también se parezca más al Ferrari que llevaba tres décadas viendo en su cabeza.
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