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Ferrari ve en Silverstone su opción de rebote

Ferrari llega al Gran Premio de Gran Bretaña con un optimismo prudente: en Austria, el pobre ritmo de carrera del SF-26 apuntó más a una trampa de reglaje y degradación de neumáticos que a una pérdida real de las virtudes de chasis y aerodinámica del coche, y eso abre la puerta a una reacción en Silverstone.

El fin de semana del Red Bull Ring dejó claro el problema. Ferrari estrenó allí una unidad de potencia revisada con su primer paso de desarrollo permitido por el margen adicional concedido por la FIA, en un circuito donde la potencia del motor se consideraba decisiva. Sin embargo, esa mejora apenas se tradujo en una ganancia visible y la carrera volvió a sacar a la luz la debilidad de fondo del SF-26 en la gestión de los neumáticos.

La clasificación del sábado había ofrecido una imagen más alentadora, pero el contexto la explica. Ferrari encontró rendimiento a una vuelta con un reglaje extremadamente agresivo, una solución que en Spielberg, muy dependiente de la velocidad punta y la aceleración, ayudó a recortar distancias. El problema apareció el domingo: ese mismo enfoque cargó demasiado los neumáticos y dejó al coche sin margen en tandas largas.

Lewis Hamilton fue el ejemplo más claro. En su primer stint perdió agarre con rapidez, tuvo que parar antes de lo previsto y el undercut no sirvió de nada porque el ritmo no era suficiente para convertirlo en ventaja. Los relevos posteriores tampoco cambiaron la tendencia, y Ferrari se quedó sin una vía estratégica eficaz para corregir el deterioro.

Ese escenario no se atribuye a una transformación profunda del coche. Más allá de la unidad de potencia actualizada y algunos cambios menores, el SF-26 era básicamente el mismo monoplaza que había dejado sensaciones mucho más competitivas en Barcelona. Por eso, dentro del equipo se interpreta que Spielberg expuso sobre todo una combinación muy concreta de exigencias del circuito, temperaturas extremas y un reglaje que funcionó en clasificación pero castigó demasiado las gomas en carrera.

Las condiciones agravaron todavía más el cuadro. Con el asfalto cerca de los 53 grados, Ferrari se encontró con una tormenta perfecta: el nuevo paso del motor no enseñó un salto claro y el coche, configurado para exprimir sus opciones a una vuelta, elevó el desgaste térmico frente a sus rivales.

Silverstone ofrece un examen distinto y, para Ferrari, potencialmente mucho más favorable. Allí no basta con la potencia: las curvas rápidas y los cambios de dirección exigen estabilidad del chasis y una aerodinámica equilibrada, dos áreas en las que el SF-26 ya había mostrado una cara más fuerte esta temporada. Esa es la base del optimismo con el que la Scuderia aterriza en Gran Bretaña.

Ferrari no confía solo en ajustar la puesta a punto. Según los informes técnicos, el SF-26 debería montar una versión profundamente revisada de su alerón trasero “Macarena”, junto con un difusor nuevo de baja resistencia, con el objetivo de recuperar eficiencia aerodinámica sin penalizar la velocidad punta y estabilizar el flujo de aire. Si esas modificaciones funcionan como espera Maranello, Ferrari podrá plantear el fin de semana no como un ejercicio de contención de daños, sino como una oportunidad real para volver a pelear por el podio y evitar que los de delante se escapen aún más.