Olivier Panis ganó el GP de Mónaco de 1996 saliendo 14º con un Ligier de mitad de parrilla y cruzó la meta con tan poco combustible que su coche no volvió a arrancar, en una de las victorias más improbables que ha visto la Fórmula 1.
El 19 de mayo de 1996, el francés firmó la única victoria de su carrera en una prueba caótica, con lluvia al principio, una pista cambiante y la bandera a cuadros cayendo tres vueltas antes de lo previsto por el límite de dos horas. No era un candidato natural al triunfo. El Ligier JS43 no se había clasificado más arriba del octavo puesto en toda la temporada, y Panis llegaba a la sexta cita del año después de rondar los puntos con un séptimo en Australia, un sexto en Brasil y un octavo en Argentina. En Imola también marchaba octavo antes de abandonar por un problema de cambio.
En Mónaco, además, sólo pudo ser 14º en parrilla. Un problema electrónico arruinó su segundo de cuatro intentos en clasificación y no tuvo la posibilidad de recurrir al coche de reserva, porque su compañero Pedro Diniz había destrozado tanto su monoplaza como el spare. Aun así, la lluvia del domingo cambió por completo su estado de ánimo. Olivier Panis, piloto de Ligier, recordó a Formula1.com: “Cuando me desperté por la mañana, abrí la ventana y vi la lluvia, me puse a animar”. Incluso le dijo a su mujer: “Hoy voy a subir al podio”. Después de marcar el mejor tiempo en el warm-up, añadió: “Yo tenía muchísima confianza y estaba muy contento con mi coche. Dejé que la gente hablara”.
La carrera empezó a abrirse para él casi de inmediato. Tras una primera vuelta en la que se retiraron cinco pilotos, Panis ya había avanzado hasta la 12ª posición. Luego adelantó a Martin Brundle, Mika Häkkinen y Johnny Herbert para colocarse séptimo, y cuando la pista empezó a secarse fue de los primeros en montar slicks. Esa decisión le dio el undercut sobre Mika Salo, Jacques Villeneuve y David Coulthard, y poco después remató su remontada con una maniobra decisiva sobre Eddie Irvine en la horquilla para ponerse tercero.
Ni siquiera entonces parecía una carrera ganable. A mitad de prueba, Panis estaba a 49 segundos de Damon Hill y a 22 de Jean Alesi. El panorama cambió cuando Hill rompió el motor en la vuelta 41 y, veinte vueltas después, Alesi se quedó fuera por una avería en la suspensión trasera. Panis pasó de perseguidor a líder, pero aún tuvo que salvar un trompo sobre el aceite dejado por el Williams antes de entrar en el tramo final al frente.
Con 15 vueltas por delante, su ventaja sobre Coulthard era de cinco segundos, aunque el caos siguió reduciendo el grupo hasta dejar sólo cuatro coches en pista. La diferencia cayó a dos segundos y entonces apareció el problema que podía arruinarlo todo: el combustible. Panis explicó a Autosport: “Mi ingeniero me dijo: ‘Tienes que parar, no tienes suficiente combustible’. Yo respondí: ‘¿Qué? ¡Jamás!’”. A partir de ahí empezó a ahorrar gasolina, sin usar la sexta marcha y levantando muy pronto el pie del acelerador, mientras Coulthard se le echaba encima. “Intentaron hacerme entrar en boxes en inglés, italiano y francés”, contó.
Le bastó con aguantar hasta que el reloj decidiera la carrera. La prueba terminó tres vueltas antes de las 78 previstas y Panis conservó el liderato hasta la bandera a cuadros. Después llegó la confirmación de lo ajustado que había sido todo: “Paré el coche en la línea de meta para el podio, y cuando intentamos volver a arrancarlo, nada. El depósito estaba completamente vacío. Pero cuando tienes suerte, ¡todo es posible!”.
Aquel triunfo fue la primera victoria de Ligier desde el GP de Canadá de 1981 y también la última. En un equipo con problemas financieros, además, aumentó su valor de venta. Panis llegó a resumirlo con crudeza años después: “Fue fantástico para mí y para el equipo, porque así el equipo pudo venderse más caro”. Para Francia también quedó como una referencia duradera: Panis fue el último ganador francés de un gran premio durante 24 años, hasta la inesperada victoria de Pierre Gasly en Monza 2020.
© Jonathan Borba