Fernando Alonso salió del Gran Premio de Hungría convencido de que Aston Martin por fin ha encontrado una base real sobre la que construir, aunque el siguiente examen ya no estará en el chasis sino en la nueva unidad de potencia de Honda prevista para Zandvoort.
El 14º puesto de Alonso y el 13º de Lance Stroll no reflejan por sí solos por qué Aston Martin consideró Hungaroring un fin de semana clave. El equipo estrenó un gran paquete B del AMR26, descrito en distintas fuentes como una actualización de 16 elementos, y por primera vez en la temporada se vio compitiendo con el grupo medio. Alonso entró en Q2 por primera vez este año y en carrera pudo medirse con Haas, Alpine y Williams en lugar de limitarse a sobrevivir en la parte trasera.
El propio Alonso, piloto de Aston Martin, dejó claro que el valor del fin de semana estuvo en confirmar que el coche nuevo hizo lo que el equipo esperaba. “Lo que vimos en Hungría fue más o menos lo previsto. La correlación con la simulación es buena y el rendimiento ha mejorado”, dijo tras la carrera. Y añadió: “Se ha creado una referencia para lo que vamos a trabajar de cara a la segunda mitad de la temporada”.
Ese punto importa especialmente después de meses de frustración en Silverstone, donde una de las mayores dudas era si las herramientas de fábrica estaban describiendo un coche distinto al que aparecía en pista. En Hungría, la sensación interna fue la contraria: el paquete funcionó como indicaban las simulaciones. De ahí que dentro del equipo se hablase más de un primer paso que de una remontada completa.
Alonso también insistió en que todavía hay margen en el propio AMR26B. Recordó que el coche acaba de debutar, que responde a un concepto distinto al anterior y que aún queda trabajo de reglaje y optimización. Aun así, el cambio ya le permitió “volver a sentir competitividad” y disponer de un punto de partida con el que atacar la segunda mitad del año.
La cautela sigue ahí porque Hungaroring no es el circuito que más castiga la falta de potencia, y esa debilidad continúa siendo evidente. Alonso señaló que una parada durante el Virtual Safety Car le hizo perder posiciones, pero el problema de fondo va más allá de la estrategia: Aston Martin necesita más velocidad punta para sostener este salto en pistas como Monza o Bakú. Stroll coincidió en ese diagnóstico al admitir que el equipo ha dado un gran paso, pero aún necesita “más carga aerodinámica, más potencia” para consolidarse en la pelea.
Por eso el foco se desplaza ahora hacia Honda. La marca japonesa debe probar esta semana su nueva especificación en un filming day de 200 kilómetros en el Hungaroring antes de estrenarla en carrera en Zandvoort. Las distintas informaciones sitúan la ganancia esperada en torno a 30 o 40 caballos, una mejora que Aston Martin considera decisiva ahora que el chasis sí parece capaz de traducirla en rendimiento real.
Alonso resumió ese cambio de prioridades con una sonrisa y un mensaje muy directo: “Ahora le toca sentir la presión a Honda F1”. No lo planteó como un reproche, sino como la consecuencia natural del progreso del coche. “Somos un solo equipo. Trabajamos juntos, entendemos las debilidades del otro e intentamos compensarlas”, explicó. Según Alonso, Honda ayudó al equipo al inicio del año a paliar carencias del coche, mientras Aston Martin ahora trata de aportar en estabilidad, despliegue de energía y software. “Todavía queda un largo camino, pero esperamos que este sea el primer paso y que las dos fábricas ganen confianza en su trabajo. Eso será lo más importante en los próximos meses”, afirmó.
En Honda no rehuyeron esa expectativa. Shintaro Orihara, ingeniero jefe de Honda Racing Corporation, admitió la situación cuando fue preguntado por esa presión: “Para ser sincero, sí”. Orihara explicó que Aston Martin ha vuelto “a la lucha con los otros equipos”, por lo que “cada mejora es muy importante para cerrar la diferencia”, y definió la jornada de rodaje previa a Zandvoort como “una primera validación técnica”.
El fin de semana húngaro dejó además un pequeño susto que no alteró esa hoja de ruta. Alonso explicó que el problema de vibraciones aparecido el viernes quedó resuelto el sábado por la mañana tras montar una unidad de potencia más nueva, y que tanto el sábado como el domingo pudo rodar sin incidencias.
Con el AMR26B validado y una correlación por fin creíble entre fábrica y pista, Aston Martin llega al parón con algo que no tenía hace unas semanas: una dirección técnica confirmada. El siguiente paso, y el que debe decir hasta dónde puede subir realmente en la zona media, queda ahora en manos de Honda en Zandvoort.
© Jonathan Borba